Para todos aquellos que de alguna forma vivimos encarcelados por algún sistema o por nosotros mismos…

Publicado: octubre 22, 2010 de da1121rincon en Audiencias y Procedimiento Penal

Con el fin de proteger la identidad de cada uno de los sindicados y condenados a los que pude conocer su caso no serán mencionados los nombres de cada uno.

Asistí a un total de 15 audiencias en los juzgados localizados en la carrera 22 No.18- 33, zona conocida como Paloquemao, localizada en Bogotá, Colombia.

Sinceramente, no tuve la mejor de las recibidas en cuanto al ingreso a estas instalaciones estatales, justificado por el hecho de ser menor de edad. Entre charlas, explicaciones, acuerdos y “suplicas” a las personas correspondientes logré entrar. No puedo negar que valió la pena ya que conocí situaciones increíbles, en el sentido literal de la palabra. Así, tuve el grato placer de escuchar casos relacionados con el tráfico o porte de estupefacientes, coautoría por delito de acceso carnal violento, secuestro,  homicidios, hurto con arma calificada, extorsión, inasistencia alimentaria, entre muchos otros. Realmente, me gusto tanto la experiencia que no pude evitar volver en otras ocasiones.

Sin desviarme del objetivo de esta entrada, he de manifestar que hoy en día los artículos 1o., 2o., 4o., 5o., 7o., 8o., 11 y 18 de la ley 906 de 2004 han sido cumplidos en la mayoría de los casos en los cuales estuve presente. Sin embargo, existieron algunas excepciones que serán mencionadas más adelante. Considero pertinente resaltar el hecho de que hoy en día la frecuencia en las que se dan esas excepciones es menor a la que hace tan solo 3 años se presentaba en nuestro país, Colombia.

Además, quiero mencionar que me siento “afortunada” por el hecho de conocer personalmente las cárceles Distrital (Bogotá, Colombia) y Bellavista (Medellín, Colombia).

La última vez que ingresé a la cárcel Bellavista fue el día 25 de julio de 2010, fecha inolvidable por razones personales. No está de más mencionar que conozco, hablo y visito constantemente a un reo, quien desafortunadamente por cuestiones de la vida resultó condenado siendo inocente y con el cual tengo un vínculo muy especial.

A raíz de ello he conocido casos extraordinarios y en los cuales se evidencia una destrozadora violación de derechos humanos. Entre la confianza que nos tenemos él, yo y muchos conocidos en ese lugar poco adecuado para iniciar amistades, he oído las mañas y chanchullos más rebuscados que entre ellos deben llevar a cabo con el fin de pagar una condena de la mejor manera posible entre sindicados, narcotraficantes y los propios guardias de este recinto. Dicen que uno no debe dejarse llevar por el exterior ni el físico, pero si notarás como una mirada puede asesinarte encontrarías la pasión que se esconde entre los muros de las cárceles.

Cada patio esconde algo. Algo que ni tú ni yo seamos aún lo suficientemente consientes como para entender del todo.

Ahora, el sistema funciona más o menos así: Ud. debe llamar a una línea en la cual una contestadora le terminará asignando la hora de entrada de la visita que quiere realizar los domingos, en mi caso, por mi condición de mujer. Si quieres entrar lo más temprano posible la clave consiste en llamar en la madrugada sin importar el día que lo hagas, así siempre te darán una de las primeras horas de ingreso. Si es la primera vez que visitas al reo, antes de esto debes tramitar ciertos papeles para garantizar la autorización de tu ingreso por parte del INPEC y del preso. Después de la primera vez la situación se torna un poco más “sencilla” aunque realmente cada vez que entras no puedes dejar de chocar con una realidad a la cual pocos quisieran verse involucrados.

Una fila larguísima de mujeres ansiosas ha de pasar por el conocido como “el gallinero” para después de varias requisas, tres sellos, etc. puedas caminar por los pasillos de los patios en busca de aquella mirada tan anhelada.

El dolor y la felicidad se sienten al pasar con tan solo ver a los niños soltar la mano de su madre para correr emocionados hacia los brazos de su padre. El preso que llora al verlo y lo abraza fuertemente queriendo no haberse equivocado y buscando una explicación al cómo pudo arriesgar tanto por tan poco… Porque comparación no ha de tener… Cada gotera es como una lágrima de aquellos muros que han visto besos atrincherados, despedidas que nunca quisieron suceder y momentos que no pueden esperar… Estructuras silenciosas con tantas verdades detrás… ¿Dónde está la libertad?

Sus voces, las lágrimas y sonrisas. Todo es una mezcla de sentimientos y emociones que te susurran en el odio, “quiero estar contigo”, “ojalá este momento nunca terminara” pero llega la hora de partir entre las estructuras fragmentadas y en pésimo estado a las que ellos deben acostumbrarse, pero como en todo lugar existen élites y grupos privilegiados, quienes no padecen las condiciones que a otros han de corresponderles vivir quizás por estar en el espacio y tiempo menos apropiado.

He conocido personajes que duermen en el piso debido al hacinamiento de dicha cárcel, en donde los delitos por debajo de la mesa, el comercio interno y la manipulación de dinero son tan fuertes y hasta más altos que las vividas fuera de esas veladas paredes.

Allí, adentro todo es a otro precio, la vida es más cara… Y la ley es distinta a la que se “aprueba” por la sociedad. El maltrato y la tortura se hacen presentes, la compraventa es más que necesaria. Debes aclarar un perfil y hacerlo ver a todos… Tienes que ganar el respeto de los otros…

El INPEC contrata entidades prestadoras de salud no inapropiadas pero que sin embargo no pueden cubrir servicios a todos. Es difícil atender y controlar la situación de tantas personas. Así, el hacinamiento es el culpable del por qué se da el regular servicio de salud prestado a los condenados. Muchos prefieren no pedir citas debido a que saben que estas demorarán un tiempo largo en ser asignadas, de nuevo por la gran cantidad de personas que quieren ser atendidas.

No quiero hacer énfasis en los problemas que ellos han de padecer a diario sino más bien en tres casos que conocí. Uno se dio en enero de 2007, otro en junio de 2008 y el último en septiembre de ese mismo año. Los tres cautivan mi atención debido a que los involucrados en el asunto fueron puestos presos antes de darse una sentencia en contra de ellos. Hoy en día sé que esto no debe suceder debido a que se presume la inocencia de todo hombre hasta que se demuestre lo contrario. “Justificando” el aún imperfecto sistema que manejamos en Colombia, tengo entendido que hace unos 2 años aproximadamente esta situación dejo de acontecer con esa regularidad debido a un cambio en el procedimiento y sistema acusatorio penal colombiano[1].

En lo que pude percibir en las audiencias a las que asistí, en todos esos casos ese derecho no fue vulnerado. Sin embargo, he de destacar que en ocasiones se trata irrespetuosamente a muchos de los imputados (por más grave que sea el delito cometido, todo sindicado por su condición de ser humano debe ser tratado dignamente, como una persona cualquiera). Además, otra falla que noté consiste en la poca imparcialidad que asumen algunas partes… las miradas que juzgan y señalan por los actos cometidos sin siquiera escuchar sinceramente lo que quiere manifestar el presunto delincuente.

He llegado a la conclusión de que a pesar de que la situación del sistema penal y el cumplimiento de las normas jurídicas en relación a éste, etc. no son perfectas aún así ha mejorado en comparación a tiempos anteriores pero no muy lejanos al actual.

Quiero invitar a escuchar la canción “La libertad”, interpretada por el argentino Andrés Calamaro a aquellos que creemos que la privación de la libertad no es una solución verdadera (se supone que éste debe ser el último recurso)… Además es para todos aquellos que de alguna forma vivimos encarcelados por algún sistema o por nosotros mismos. Es para los hombres y mujeres de ayer, hoy y mañana, quienes han de vivir o de “morir” por una sola causa… El tratar de hallarla y disfrutarla.


[1] Ley 906 de 2004

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